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    • Malibu
      Legacy Nysus
      Ooooh, se suma alguien más! Qué alegría! Bienvenida y espero que te guste, y sí, es bastante buena onda Zelda!
    • Malibu
      Legacy Nysus
      Muchas gracias! Me alegra un montonazo que te guste como va progresando la historia!
    • Lucivx
      No aparecen los mods
      Tenia el mismo problema pero ya logre resolverlo. Simplemente borre la carpeta onlinethumbnailcache y funciono perfectamente :) 
    • ambrosiojdr
      (Sims 4) Legacy Ambrosio
      Capítulo 7: Nueve meses. Amelia Habían pasado 90 días desde el maravilloso incidente durante nuestra luna de miel. Pese a los mareos y nauseas, fueron unos tres meses de embarazo bastante tranquilos. Lo cierto es que estaba muy emocionada por el hecho de que dentro de poco me convertiría en mamá. Mi barriga había crecido lo suficiente para no dejarme entrar en mi antigua ropa, así que tuve que adquirir nueva. Además, volví a retomar la escritura después de haberla dejado abandona durante un tiempo, aunque Christian no me quitaba el ojo de encima, así que era bastante difícil concentrarse. —Cariño, estoy embarazada, no llevo una bomba atómica encima —le dije, un poco harta de tenerlo encima todo el día. —Lo hago por tu bien, tonta. Con esfuerzo y dedicación, conseguir vender un nuevo libro a la editorial. Estaba feliz porque mi carrera de escritora avanzaba adecuadamente. Y además, por fin Fibi tendría un nuevo compañero de juegos. No tardé en contárselo: —Adivina quién va a tener un hermanito, ¡ereees tú! —Miau. Con todo el lío del viaje, el otro día mientras limpiaba la maleta de Christian, encontré un objeto extraño que se trajo de Selvadorada. Le pregunté qué era, y me dijo que no tenía ni idea, que se lo encontró durante el recorrido y se lo quedó porque le pareció bonito. Fuimos a una casa de empeños a preguntar sobre su valor, y nos informaron de que su precio rondaba los 8 000 simoleones. No dudamos ni un segundo en venderlo, y con esa grandiosa cantidad de dinero, construimos una segunda planta. Esto le daría a nuestro futuro hijo o hija un cuarto propio y espacioso. Estabámos muy felices por la inversión, y todo gracias a Christian. Con lo que sobró, construimos un estudio de grabación para Christian. Ahora podría ser youtuber y compartir su arte en internet, esto le emocionaba bastante, ya que, desde hace bastante tiempo lo estaba esperando. Yo estaba muy feliz por él, que estaba haciendo realidad uno de sus sueños. Al poco tiempo, comenzó a grabar sus propios vídeos y a compartirlos. Un día cualquiera, invitó a un amigo suyo a casa. Pero lo de youtube le ocupaba tanto tiempo que no pudo bajar a hablar con él. Este cogió un libro cualquiera de la estantería para entretenerse, y acabó con un ejemplar de los míos entre sus manos. —Muy buen libro, me gustaría conocer a la autora. —Pues resulta que soy yo, —reí. —Oh, ¿en serio? No sabía que escribías, no me lo había comentado Christian. —Sí, ambos, escribimos. Hay un libro de Christian por ahí en la estantería, puedes echarle un vistazo si quieres, él ahora mismo baja —le propuse. —De acuerdo —me contestó. —Por cierto, me contó el otro día que ibais a ser padres — comenzó a decir — enhorabuena, debe ser increíble. —Sí, la verdad es que es muy bonito. —¿Ya sabéis el género? —preguntó con interés. —No…la verdad es que preferimos que sea una sorpresa. —Oh entiendo, Christian me comentó que quería que fuese niña. —Sí —reí — lleva un tiempo diciéndomelo a mí, aunque quién sabe, puede que sea un niño. —En ese caso, lo tirará a los cocodrilos —rió. —Sí, eso mismo me dijo el otro día… Al final, Christian estuvo tan ocupado que no bajó ni siquiera a saludar, así que Ramón tuvo que marcharse a casa, aunque al menos yo le di conversación para que no se aburriera. *Adjunto foto de Fibi durmiendo raro. Los meses siguieron avanzando, y cada vez se hacía más duro acudir al trabajo con aquel peso a mis espaldas. Las náuseas y mareos eran mayores, y cada vez tenía que ir al baño con más frecuencia, era duro, pero no podía dejar de trabajar, mi sueldo era fundamental para esta familia. Un día cualquiera, Christian se puso enfermo. Aunque rápidamente adquirió un medicamento, ya que sería bastante peligroso que me contagiara en mi estado. Cada vez estaba más volcado en su profesión, sus vídeos traían una cantidad de dinero importante a casa; a veces, mucho más que mis libros. Me encantaba verlo tan ilusionado con lo que estaba haciendo, al final, el sacrificio que hicimos mereció la pena. Al poco tiempo, yo también traje buenas noticias a casa. —Cariño, ¡me han ascendido a Escritora de relatos cortos! —¡Me alegro mucho, cariño! Te lo mereces por todo el esfuerzo que has hecho. —Gracias, mi amor. Por desgracia, los horarios que tenía ahora eran peores. Trabaja durante toda la tarde, así que volvía más cansada a casa que antes, para colmo llevaba una vida en mi interior. Era una situación algo insostenible, pero debía traer dinero a casa para que cuando el bebé naciera poder asumir todos los gastos. Además, mi nuevo puesto exigía nuevos conocimientos que no tenía, así que tuve que comenzar a estudiar sobre el tema. ¡Y por fin estaba en mi noveno mes de embarazo! Aquel día estaba preparando una tarta de chocolate porque había llegado el 30º cumpleaños de Christian. ¡Ya estaba hecho un viejo! Aunque no debía reírme, porque pronto también sería el mío. Fibi aprovechó que me fui a buscar a Christian para zamparse un poco de tarta. Era una glotona. Cuando llegó la hora de soplar las velas, decidió quedarse junto a la tarta, ¡lo que le gustaba robar el protagonismo a aquella gata no era ni medio normal! —¿Tienes algún propósito, cumpleañero? — le pregunté. —De momento, no morirme. —Ja-ja, qué gracioso eres. Rápidamente se sentó a comer su tarta, lo que le gustaba comer a este hombre era de otro mundo. —¿Está buena? —inquirí, expectante a su respuesta. —Mmm, pasable, has mejorado —respondió con la boca llena. —¿Tú no comes, preciosa? —¡Qué va! Ya estoy lo suficientemente gorda con el embarazo. —¡No digas tonterías! Para de obsesionarte con tu peso, es una estupidez, estás preciosa, como siempre. —Tonto —refunfuñé. Para terminar de celebrar su cumpleaños, fuimos al karaoke de la gran ciudad. Christian hizo una gran actuación, pero no pude verla porque tuve que salir corriendo al baño a hacer pis. Cosas de estar embarazada. Cuando llegamos a casa, estaba tan molida que me eché la siesta. Al pasar un rato, me despertó un intenso dolor en la barriga. Al principio me asusté, pero al poco me percaté de que podían ser contracciones. Me había puesto de parto. —¡CHRISTIAN! Fuimos corriendo al hospital, pero mientras yo intentaba mantener la calma pese al intenso dolor, Christian estaba completamente aterrado. Pero, ¿quién iba a parir? ¿Él o yo? Fui a recepción a registrarme. Por suerte, llegué la primera. Aunque la chica se puso a hablar por teléfono sin darle mucha importancia al hecho de que…¡estaba de parto! Me agobié un poco por la tardanza de la chica de recepción, pero intenté no perder la compostura, sólo tenía que tener un poco de paciencia y ya me pasarían. Después de unos largos cinco minutos de espera, pude pasar hacia el quirófano. Me puse la bata y me tumbé sobre la camilla. Estaba muy asustada, pero confié en que todo saliera bien. Al fin y al cabo, era normal, era una madre primeriza. Estuve sola durante un rato en aquella fría habitación, pensando en todas las maneras posibles de morir durante el parto. Cada minuto que pasaba, era peor que el anterior. Cuando por fin llegó el médico, me tranquilicé. Hicieron pasar a Christian, aunque no fue de mucha ayuda, estaba más asustado que yo. El dolor era cada vez más fuerte, pero traté de sopórtalo con todas mis fuerzas. —¡Ya veo la cabeza! —exclamó el médico. —¡Oh, dios mío! —gritó Christian, al borde del colapso. Y por fin, tras un arduo esfuerzo, nació un niño completamente sano, al que llamamos Axel. —Bienvenido al mundo, pequeño Axel —le dije a mi bebé mientras que lo sostenía entre mis brazos. Fue la sensación más increíble que había llegado a sentir en toda mi vida. Tras aquel duro parto, estaba agotada. Pero había merecido la pena; ya tenía a mi pequeño junto a mí. Al llegar a casa, colocamos la cuna en nuestra habitación, queríamos tenerlo lo más cerca posible para atender a todas sus necesidades. Era un niño increíblemente guapo, lo quería con todas mis fuerzas. Lo protegería durante toda su vida, para mí era lo más importante del mundo. Axel Ambrosio sería criado con amor en el hogar que juntos habíamos construido, nunca le faltaría nada, estaba segura de ello.   ¡Bueno! A pesar de los deseos de Christian ha sido un niño al final, aunque no le importa y lo ama con todo su corazón. Os prometo que no lo echará a los cocodrilos, Amelia se asegurará de que no haga locuras xddd Espero que el capítulo haya sido de vuestro agrado. Nos vemos en la próxima, bonitos.  
    • ambrosiojdr
      (Sims 4) Legacy Ambrosio
      Capítulo 6: Boda y luna de miel. Amelia Después de un duro mes de planificación, llegó el ansiado día de nuestra boda. Decidimos que sería una ceremonia íntima en lugar apartado de la civilización, por lo que nos movimos hasta un encantador rincón de Glimmerbrook. Ambos estábamos muy emocionados, no creíamos que hubiera llegado por fin el día. El día en que nos convertiríamos en marido y mujer. Aquel día el sol estaba especialmente brillante. Estaba algo nerviosa, pero el momento de dar el gran paso había llegado. —¿Crees que este sería un buen momento para arrepentirse y salir corriendo? —susurró Christian en mi oído. —Me dejarías en rídiculo… —Es cierto, ha venido mucha gente —respondió con clara ironía. —Con que chica más guapa me voy a casar ¿no? —Para de decir tonterías, todavía puedo salir corriendo de aquí. —Jajaja, no te atreverías… Y era cierto, no me atrevería jamás. Christian suspiró. —Supongo que hay que empezar —dijo, mientras guardaba un pequeño papel en el bolsillo —hacía tiempo que no empollaba tanto. —Eres idiota, le quitas todo el romanticismo. —Está bien, está bien… —dio una bocanada de aire, y me miró directamente a los ojos — Amelia Ambrosio, desde que te conozco eres una idiota… Fui a abrir la boca, pero me detuvo con un dedo. >>Como iba diciendo, eres una idiota. Te perdiste por un pueblo como Winderburg después de beber en un pub de mala muerte y acabaste llamando a la puerta de un desconocido ¿y si se hubiera tratado de un psicópata? Para tu mala suerte, se trataba sólo de mí. Yo reí. >>Recuerdo que estabas roja y apestabas a alcohol. Estabas tan adorable... daban ganas de darte un abrazo. Así que decidí acogerte esa noche, me dejaste tan intranquilo que acabé durmiendo en mi sofá teniendo una habitación propia… en fin, fue toda una locura. Pero gracias a aquella locura, hoy estoy frente a ti. Te amo y quiero compartir mi vida contigo… pero por favor, no te vuelvas a emborrachar —Lo juro —sonreí. Una vez finalizado los votos, saqué uno de los anillos de su bolsillo, y me dispuse a ponérselo. —Christian Ambrosio, ¿tomas como esposa a Amelia Ambrosio, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad ,en la salud y en la enfermedad,y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida? —Por favor, Amelia, ¿qué estás en el siglo XV? —Encima que me lo he aprendido, idiota —refunfuñé. Conseguí finalmente colocar el anillo en su dedo, y él repitió el mismo proceso conmigo. Y supongo que llegó el esperado, “ya puedes besar a la novia”. Aunque bueno, en este caso, yo besé al novio. Y así es como tuvimos nuestro final feliz, después de tanto esfuerzo y sacrificio. Salió triunfando el amor, como debía ser.   Estábamos hechos el uno para el otro. No era capaz de imaginar una vida en la que no estuviera Christian. Era imposible para mí. Él se había convertido en una pieza fundamental en mi vida. Ahora, si todo salía bien, envejeceríamos juntos. Seríamos uno para el resto de la vida. Era todo un sueño hecho realidad. Después de tanta ñoñería llegó mi momento. Él momento de demostrarle a Christian mis habilidades cocteleras. Aunque lo único que conseguí es cargarme la botella. —¡Cariño, creo que se ha quedado atrancada! —Mira que eres tonta, atenta al maestro. —Sí, sí, demuestra de lo que eres capaz, genio. Tras bebernos unas copas, decidí darle la gran sorpresa que tenía guardada. —Cariño, este es un pequeño regalo de bodas… —¿Qué será? ¿No es una bomba, verdad? —No, tonto, ábrelo, es muy importante para mí. Cogió la caja entre sus manos y rompió el papel que lo envolvía, rápidamente descubrió su interior y exclamó: —¿¡Un libro!? —Lee bien, ¿quién es la autora? —Amel…¡eres tú! —Me miró con los ojos muy abiertos — ¿por qué me has regalado un libro tuyo? —Es mi manera de dedicártelo. Es un libro de poesía… yo… he escrito sobre nosotros —mascullé, un poco avergonzada. Podía ver la emoción en sus ojos, sabía que le había hecho ilusión. —Yo… pienso echarle un vistazo ya… ahora mismo pienso leerlo en el viaje. —¡Estás loco! —Está decidido. Y así hizo. Estuvo durante todo el viaje hasta que llegamos a nuestro destino leyendo mi libro. Se lo tomó muy en serio, pero me gustaba. Cuando llegamos a Selvadorada ya era de noche. Alquilamos un par de días aquella encantadora casita. Lo cierto es que gasté parte de mis ahorros en esto, pero merecía la pena, quería que recordáramos esta luna de miel para siempre. Y llegó la esperada noche de bodas… Había sido un día lleno de emociones. Pero ya sólo se respiraba intimidad en aquel pequeño cuarto. Sólo él y yo. En cuerpo y alma. Más tarde, fui a la cocina para picar algo mientras Christian dormía, supongo que aquella noche me costaría conciliar el sueño. Pero no importaba, aquel día me había convertido en la mujer más feliz del mundo. Cuando desperté, a la mañana siguiente, llovía a mares. Al salir de la cama me sentí algo mareada, así que me metí en la bañera y me di un relajante baño de barro. Una hora más tarde, bajé en busca de Christian. Teníamos que hablar acerca de los planes para aquel día. Preparé el desayuno mientras charlábamos: —Supongo que hoy haremos el tour aunque esté lloviendo, ¿verdad? —pregunté. —Claro, no hay problema, ¡así será más emocionante! —Christian, ya sabes que no me puedo poner enferma por el trabajo… —Tendremos cuidado, bonita, no te preocupes. Sin embargo, cuando Christian terminó de decir aquella frase, mis tripas se revolvieron. Salí corriendo de la cocina inmediatamente y dejé mi intento de desayuno quemándose allí. Cuando entré en el baño, vacié todo mi estómago en el retrete. ¿Me había puesto enferma, quizá? ¿Pero cómo? O…estaba…no, imposible. Era completamente imposible que eso me hubiera pasado a mí. La puerta se abrió y Christian entró con cara de preocupación. —Cariño, ¿estás bien? ¿qué ha pasado? —Só-solo he vomitado un poco, nada importante, me habrá sentado mal la comida… —mentí. —Está bien…si quieres podemos quedarnos aquí si te sientes mal…—propuso. —No, no, en absoluto —negué — yo…voy a salir un rato a tomar el aire… —¿Quieres que te acompañe? —No, no, quiero ir yo sola. —¿Seguro? —Sí, Christian, no me va a pasar nada. Cuando salí del baño a toda prisa, Christian me miraba con ambas cejas juntas. Salí pitando hasta la farmacia más cercana en busca de un test de embarazo, tenía que resolver esto antes de que me comiera la cabeza… Tras hacerme la prueba, volví al alojamiento, y ambos nos preparamos para salir a hacer el tour. Cuando llegamos, seguía lloviendo.   Estuve durante todo el recorrido con sólo una idea en mi cabeza; Christian no quería tener hijos. Me lo había dejado claro en varias ocasiones. Entonces, ¿qué pasaría si yo estuviera embarazada? ¿Me dejaría y huiría lejos de mí? Sólo habíamos hablado por encima del tema, y la respuesta era clara. Tenía miedo. Aún no me atrevía a decir el resultado de la prueba de embarazo en voz alta. Ni si quiera para mí misma. Deseché aquellas ideas de mi cabeza, quería disfrutar de la excursión. Quería recordar al menos mi luna de miel con cariño. Tras un largo rato de intentar romper las enredaderas, nos dimos por vencidos. Pero un turista nos paró y nos indicó la mejor manera de conseguir abrirnos el paso. Le dimos las gracias, y Christian finalmente destrozó el obstáculo que nos impedía seguir el camino. Christian dijo que entraría él sólo primero para asegurarse de que no había ningún peligro. Aunque sí que lo había, unos dardos venenosos se clavaron en su piel y volvió lleno de picaduras por todo el cuerpo. El paisaje era increíble, casi me hizo olvidar el lío en el que me había metido… Divisamos unas ruinas a lo lejos y corrimos hacia ellas, era lo que parecía el camino correcto, según aquel hombre que nos indicó cómo llegar. Christian corría detrás de mí bajo aquella lluvia torrencial. Me recordó al día en que me pidió matrimonio. También llovía de esta manera… ¿Y si él jamás lograba aceptar lo que había pasado? ¿Cómo pensaba contárselo? Cuando llegamos a las ruinas, había otro camino que abrir. Mientras Christian se encargaba de ello, sentí como algo me subía por la espalda. Entonces miré mi hombro, y vi una enorme araña posada en él. Comencé a gritar como una loca mientras Christian me miraba con incredulidad. Me puse a correr en círculos para intentar espantarla, pero no funcionó. ¿A quién se le ocurriría venir a la selva de luna de miel? Ah, es verdad, a mí… Después de aquel enorme susto, estaba agotada. Me tumbé en el suelo mientras Christian se encargaba del trabajo duro. —¿Qué cómoda te has puesto, no? —dijo algo molesto. Yo reí. Supongo que el karma existe, porque más tarde me atacó un enjambre de avispas. Me lo tenía merecido por vaga. —¡Christian, ayúdame! Aunque habíamos conseguido llegar al otro lado, todavía nos quedaba camino, se había hecho muy tarde y estábamos horriblemente mal. Yo tenía nauseas por… por nada. Y Christian tenía picaduras por todo el cuerpo, debíamos volver al alojamiento cuanto antes. Salimos corriendo de vuelta antes que la noche se cerrara del todo. Por el camino, yo comencé a sentir grandes sentimientos de culpa. Así que de repente, y sin explicación ninguna, paré en seco. —¿Qué pasa, Amelia? —me preguntó, con claro cansancio en su rostro. —Yo…esta mañana te mentí… —¿Qué? —Cuando salí a tomar el aire, yo estuve en realidad en la farmacia…yo… compré un test de embarazo… Él se había quedado mudo. Me miraba atentamente. —Y… cuando me hice la prueba… dio positivo…yo est- —¿Me mentiste? —dijo muy enfadado —¿cómo has podido? —Christian…yo… —Vamos a casa —sentenció firme. Se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria sin dirigirme la palabra. Yo le seguí sin decir nada más. Cuando por fin llegamos al alojamiento, abrió la puerta y se metió dentro de la casa sin molestarse en mirarme. Aquello me destrozó. La había cagado…no debí ocultárselo. Él era mi marido… se suponía que teníamos que contarnos todo. Yo había roto la promesa nada más empezar. ¿Qué pensaría de mí ahora? ¿Iba a dejarme? El miedo y la tristeza me recorriendo durante toda la noche hasta la mañana siguiente. Me desperté mareada y dolorida. Cuando abrí los ojos, el ni siquiera estaba al otro lado de la cama. ¿Se habría marchado? Bajé corriendo las escaleras con el pijama aún puesto. Cuando lo vi de espaldas en la cocina, haciendo el desayuno, un alivio me recorrió todo el cuerpo, como un cubo frío de agua. —Cariño… —dejé escapar, aunque no sabía si debía llamarlo así. Él se giró lentamente y me miró con una ceja levantada, expectante a lo que iba a decir. —Siento habértelo ocultado, tú me dijiste…tú me dijiste que no querías saber nada de niños y yo… me asusté… pensé que me abandonarías… —¿Cómo te iba a abandonar, Amelia? —habló por primera vez — si el mismo día de nuestra boda prometí estar contigo para siempre. —Ya, pero yo… —¿Tú qué? —Tenía miedo… —Lo sé, preciosa —dijo, con una voz más suave, que me tranquilizó al instante — pero me pareció algo horrible lo que hiciste. —Lo siento, de verdad, yo quería decírtelo. —Ya, pero no lo hiciste… —suspiró— y no me enfadé porque estuvieras embarazada, sino porque me lo ocultaste. —De verdad, que yo lo siento… —No entiendo por qué estabas asustada, ¿qué hecho para qué pensaras que sería capaz de abandonarte? —Todos me han abandonado durante mi vida, entiéndeme. —No te entiendo, yo no soy como “todos”, soy tu marido… —Sí, cariño, pero… tú dijiste que no querías niños… y yo lo quería respetar. —¿Y qué? Ambos la cagamos, no nos protegimos aquella noche, también es culpa mía ¿no? —Sí, pero… —Y ya no pienso igual que antes… “¿Cómo?”. —Es cierto que me hubiera gustado planearlo, y que no fuera así, de repente…— comenzó a decir —pero ya me estaba empezando a sentir preparado para ser padre. —¿En serio? —dije boquiabierta— ¿y por qué no me dijiste nada? —Aún era demasiado pronto, quería estar seguro del todo. —Yo… no sé qué decir. —No hace falta que lo hagas, lo que ha pasado ya ha pasado. Vamos a ser padres. Pero no quiero vuelvas a mentirme nunca más. Y menos, cuando vamos a ser una familia. —Sí… —Anda, ven aquí. Entonces, me atrajo hacia sí, y me besó. Eso quería decir que…¿seríamos padres? ¿Christian y yo? No sé por qué, pero me empezó a gustar la idea. Debido a mi delicado estado, decidimos parar el viaje ahí y volver a casa. Aún nos quedaba un día más de alojamiento, pero yo me sentía muy mareada y con nauseas, así que no podríamos continuar el viaje. Fue un palo, porque gasté al menos 1 000 simoleones en todo aquello, pero lo primero era mi seguridad y la del bebé. “¿Qué sería? ¿Niña o niño? ¿A quién se parecería? ¿Sería yo buena madre? ”, son preguntas que comencé a hacerme de manera recurrente. Me moría de la curiosidad por saber más sobre la vida que se estaba creando en mi interior. Recogimos todo y cogimos el primer vuelo a casa. Cuando llegamos a nuestro humilde hogar, dejé de hacerme preguntas. No importaba como sería él o ella, ni como sería yo como madre. Lo que importaba era que Christian y yo permaneciéramos juntos, unidos. Y darle a aquella personita, la vida y el amor que se merecía. ¡Hola a todos! Por fin nuestra fundadora está embarazada. Estoy deseando ver como será nuestro heredero/a, ¡me muero de curiosidad! Espero que hayáis disfrutado de este capítulo, han pasado demasiadas cosas a la vez. Parece que las vidas de Amelia y Christian van a cambiar, espero que todo vaya sobre ruedas… Como siempre, nos vemos en la próxima, bonitos.

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